¿A qué le teme?

Hoy, las noticias rebosan de noticias para provocar temor por un enemigo invisible que acecha. Tiene tropas que invaden a cada rincón del mundo. Han infiltrado nuestras fronteras. Escuchamos diariamente los números de todos los fallecidos a causa de este mortal enemigo.

¿Y qué hay de los temores que teníamos antes de haber escuchado del COVID-19? (¡Ahora resulta difícil imaginar un mundo sin ese virus!) Tal vez usted ya tenía preocupaciones médicas. Quizás le preocupaba cómo pagar sus cuentas. Estresado con fechas límite en su trabajo o estudios. Preocupaciones acerca de su futuro.  Conflicto y tensión en las relaciones con amistades, familia, vecinos… Enfrentémoslo, teníamos suficiente de qué preocuparnos antes de que este virus apareciera en escena.

¿Cómo respondemos ante situaciones atemorizantes? ¿Cómo debemos lidiar con una crisis?

Un buen rey

Tal vez podemos aprender algo del rey Josafat. Él era rey en Judá, el reino del sur luego de que Israel se dividiera en dos. Él era un rey bastante bueno, para como eran los reyes en la biblia. El cronista dice:

“El Señor estuvo con Josafat, porque anduvo en los primeros caminos de su padre David, y no acudió a los Baales. Más bien, buscó al Dios de su padre, andando según sus mandamientos…  Elevó su corazón hacia los caminos del Señor” (2 Crónicas 17:3-6)

¡Eso sí que es hablar de manera halagadora de alguien!

Una gran amenaza

A pesar de ello, igual enfrentó pruebas.

Un día, quizás interrumpiendo su café de la mañana mientras pensaba en todo el bien que había hecho por su país, llegó un mensajero. «Una gran multitud viene contra ti.» (20:2) Tres de las naciones vecinas habían reunido a sus numerosas tropas e incluso habían cruzado la frontera hacia la pequeña Judá. ¡Estaban en camino y no había nada que los detuviera!

¿Cómo reacciona el rey? ¡Estaba asustadísimo! ¿No lo estaría usted?

Una buena respuesta

Sin embargo, allí es en donde vemos a Josafat brillar. Tiene miedo, claro que sí. Vea cómo responde:

“Josafat se propuso consultar al Señor e hizo pregonar ayuno en todo Judá. Se reunieron los de Judá para pedir socorro al Señor, y de todas las ciudades de Judá vinieron para buscar al Señor.” (2 Cr. 20:3b-4)

En lugar de ceder al pánico, él ora. En lugar de acopiar, proclama un ayuno.

Y el pueblo responde desde todo el país. A algunos, el viaje a la ciudad les tomó varios días, no tenían el lujo de abordar un tren para poder llegar. Se reunieron para buscar la ayuda de Dios.

Durante este tiempo de confinamiento y de distanciamiento social, tal vez no podamos reunirnos físicamente. Pero sí tenemos algo que ellos no tenían –¡métodos de comunicación en línea! Podemos seguir reuniéndonos con otros para buscar la ayuda de Dios. Podemos «reunirnos” con la iglesia o en un trío de oración o con un amigo y orar juntos.

Una buena oración

¿Cómo debemos orar? Tomemos una página del libro de Josafat.

Él recuerda que Dios está en control.

“Oh Señor, Dios de nuestros padres, ¿no eres tú Dios en los cielos, que gobiernas en todos los reinos de las naciones y que tienes en tu mano fuerza y poder, de modo que nadie te pueda resistir?” (2 Cr. 20:6)

Él reconoce que todo lo que viene a amenazarlo está bajo el gobierno de Dios. De hecho, Dios no solo gobierna a esas tres naciones que lo atacan, sino a TODOS los reinos. ¡Nada puede interponerse en el camino del Todopoderoso!

Él se acuerda que Dios salva

Así es que cuando construyeron el templo todos esos años antes, habían orado a Dios,

“Si el mal viniera sobre nosotros (espada de juicio, peste o hambre), nos presentaremos delante de este templo y delante de ti, porque tu nombre está en este templo. A ti clamaremos en nuestra tribulación, y tú nos escucharás y librarás.” (2 Cr. 20:9)

¡Amigo, tenemos un Dios que oye nuestras oraciones! ¿No le parece eso maravilloso? ¡No solo eso, sino que tiene poder para salvarnos!

Muchos de nosotros no estamos teniendo que enfrentar la espada ni el hambre – gracias a Dios por eso. Para algunos de nuestros hermanos y hermanas en el mundo, esa es una aterradora realidad. Pero la peste… ¿suena bastante real, no le parece? Ante esta peste podemos pararnos ante la presencia de Dios, buscar su rostro, orar a Él por ayuda y saber que Él oye y salva.

Claro, no hay garantía para nosotros de que nosotros o nuestros seres queridos no nos enfermaremos o moriremos. Pero podemos llegar al nuevo templo, es decir a Jesús (Jn. 2:21) en cuya presencia estamos con el Espíritu en nosotros, sabiendo que por su muerte y resurrección, Dios es por nosotros y obra en todo, incluyendo los virus, para nuestro bien (Ro. 8:28).

Él busca la ayuda de Dios

“Porque nosotros no disponemos de fuerzas contra esta multitud tan grande que viene contra nosotros. No sabemos qué hacer, pero en ti ponemos nuestros ojos.” (2 Cr. 20:12)

Él pide a Dios que juzgue a sus enemigos y los rescate. Él reconoce lo impotente que es. Pero, en su impotencia, vuelve sus ojos a Dios.

¿Se identifica? Al ver usted las cifras del conteo de casos de COVID-19 y cómo incrementan exponencialmente, ¿se siente usted impotente? ¿Como si no supiera qué hacer?

Pero nuestros ojos están puestos en ti, Señor.

Un buen Dios

Dios sí oye, y envía un mensaje:

“No teman ni desmayen delante de esta multitud tan grande, porque la batalla no será suya, sino de Dios.” (2 Cr. 20:15)

Esto hace que la gente se postre rostro a tierra en adoración. Entonces, ¡los cantores sacan sus panderetas y comienzan a cantar alabanzas a Dios para que todos los vecinos escuchen!

Fue tal su fe y confianza en la salvación de Dios que el ejército salió a enfrentar a su adversario, con el coro marchando delante de los soldados, alabando el inagotable amor de Dios –  ¡una estrategia militar nada convencional!

Su confianza estaba bien ubicada. Para el momento, en que ya pudieron ver a sus oponentes, ¡ya todos estaban muertos! ¡Ni uno solo quedó vivo! ¡Fue tan grande la victoria que les tomó tres días recoger todo el botín! ¡Ni siquiera habían desenfundado sus espadas! Y después, volvieron a Jerusalén llenos de gozo.

Quizás no estemos peleando contra los moabitas, ¡pero Dios nos da la victoria sobre el pecado y la muerte a través de la muerte y resurrección de Cristo (1 Co. 15:57).

Él lucha por un respiro, lucha por mí,

Soltando pecadores de las garras del infierno;

Y con un grito, nuestras almas libres son –

La muerte derrotada por Emmanuel.

(Stuart Townend)

Ya sea que nos enfrentemos a un ejército invisible de COVID-19, o a cualesquiera temores que estemos enfrentando, reunámonos y busquemos el rostro de Dios sabiendo que Él está en control, que Él es un Dios que oye y que salva. Aunque no sepamos qué hacer, mantengamos la vista puesta en nuestro Señor y Salvador y luego alabémoslo y adorémoslo con la gozosa confianza de que la batalla pertenece al Señor. Y si Él está con nosotros, ¡no tenemos nada qué temer!

Natch Ayling
Coordinador de ex participantes en Serve Asia, Reino Unido

Nathanael creció en Japón (sus padres eran misioneros de OMF allí). Después volvió siendo adulto durante 8 años con OMF junto a su esposa Anna y trabajaron principalmente con estudiantes. Ahora viven en Swansea, Gales con sus cuatro hijos.

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