Como parte de nuestras actividades semanales de extensión en el ministerio para niños compramos algunos rompecabezas para que los niños jugaran en su tiempo en el club infantil. Aunque la imagen en cada rompecabezas se veía simple cuando la compramos, al abrir la caja ellos y sacar las piezas al piso, nos dimos cuenta de que armarlos iba a ser más difícil de lo que anticipábamos. No tener una imagen para consultar, además de que los chicos mezclaban las piezas de distintos rompecabezas en las mismas bolsas, nos aturdió mientras ayudábamos a los chicos en esta ardua tarea. Algunos de ellos intentaban encajar las piezas a la fuerza, con el resultado de que la pieza terminaba luciendo como una pintura de Escher.
Al llegar a conocer a estos chicos, nos dimos cuenta de que gran parte de sus vidas es como estos rompecabezas inconclusos. A algunos les hacen falta piezas para lo que muchos considerarían una infancia plena. Otros, como las piezas equivocadas y mal encajadas, tienen creencias equivocadas acerca de sí mismos y del mundo que los rodea. Para muchos de ellos la vida es un rompecabezas incompleto, una imagen de su incertidumbre hacia su familia, sus sueños y su futuro. Y, al igual que los rompecabezas inconclusos que tenemos delante al final de cada mañana de domingo, quedamos sintiéndonos impotentes al no saber cómo mostrarles a estos chicos el amor y la bondad de Dios.
En Salmos 139, el salmista nos da la maravillosa certeza de que nosotros, como portadores de la imagen de Dios, fuimos hechos de forma formidable y maravillosa. Esto no depende de la familia en la que nacimos, ni del país en el que residimos ni del estrato social en el que estamos. Dios no ve nuestras vidas como rompecabezas inconclusos, carentes de significado porque él ha visto la imagen completa de nuestras vidas antes de que naciéramos. Dios ve la imagen y dice que es maravillosa.
Cuando sí logramos terminar un rompecabezas, generalmente entrego la última pieza al niño o la niña que ha estado trabajando en él. Al colocarla en su lugar, hay una chispa y alegría en sus ojos cuando se finalmente puede ver la imagen completa del rompecabezas. Eso es lo que imagino que siente Dios cuando ve a Sus hijos cumplir su destino en Él. Más allá de rompecabezas, enseñar inglés e historias bíblicas, esa es nuestra esperanza para todos los chicos que pasan por nuestras puertas – que puedan reconocer que han sido formidable y maravillosamente hechos por un Dios que los ama.



