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Bichos raros y otros misterios

Para ser francos, nuestra impresión de los misioneros era que, generalmente, son ‘bichos raros’: buenas gentes pero un poquitito inusuales. Jeremy y yo crecimos respetando el trabajo de los misioneros y nos gustaba mucho escuchar sus historias de cómo abrían iglesias entre la gente de las tribus. Aunque nunca imaginamos que alguno de nosotros dos sentiría el llamado para ir a trabajar de manera intercultural con esos equipos internacionales de desadaptados. ¿No le parece que nuestro Dios tiene un maravilloso sentido del humor?

Luego de la universidad, nos unimos al grupo de profesionales con educación superior que batallan por pagar sus deudas estudiantiles, comprar una casa y quizás, hasta iniciar una familia. Como miembros activos de nuestra iglesia, dirigíamos una iglesia en casa, ayudábamos en los ministerios de adoración y de niños y también financiábamos a varios misioneros locales y en el extranjero. Hacíamos nuestra parte y descansábamos cómodamente en el lugar en el que Dios había colocado.

Pero, Dios tenía otros planes para nuestra siguiente década. Luego de dos viajes distintos de corto plazo con nuestra iglesia al norte de Tailandia, el Señor tocó el corazón de ambos de forma individual y singular, guiándonos a que fuéramos a trabajar a Tailandia. Al volver, pasamos los siguientes 5 años batallando con ello y finalmente, preparándonos (¡por fin!) para atender a la invitación de Dios. Estábamos comprometidos, aunque hicimos planes firmes para volver en un plazo no mayor a 5 años.

El trabajo con una tribu de montaña junto a OMF Mekong no transcurrió como anticipábamos. Descubrimos que Dios obra en las misteriosas puertas abiertas que no imaginamos, en reuniones ‘por casualidad’ que se convierten en relaciones orquestadas por Dios y, siguiendo Su instrucción, nos guio y proveyó en todos y cada uno de los pasos en el trayecto.

Ahora hemos vivido y servido en el norte de Tailandia por más de 5 años y no tenemos planes inminentes de volver a Nueva Zelanda. Servimos en nuestro vecindario local tailandés, así como también en una escuela internacional grande cerca de nuestra casa. Nuestro ministerio está enfocado en alcanzar el norte de Tailandia y lo hacemos de maneras prácticas siguiendo la guía de Dios: siendo anfitriones de noches de juegos de mesa, pasando tiempo de manera consistente con dueños de cafeterías/tiendas, además con las personas que Dios ponga en nuestra vida, acompañando a las iglesias locales tailandesas para apoyar en sus eventos de alcance, ayudamos a suplir vacíos en la iglesia y, simplemente, estando dispuestos y disponibles para hacer lo que se requiera. Además de ser mentor de 2-3 estudiantes de secundaria y de ser entrenador voluntario de básquetbol durante los últimos 4 años, Jeremy recientemente aceptó un puesto de tiempo completo en Humanidades para estudiantes de 13 y 14 años. La mitad de sus estudiantes son tailandeses del norte y fue Dios quien con toda claridad abrió esta puerta para que Jeremy avanzara en sus oportunidades de ministerio en el lugar.

Sin embargo, la puerta más grande se ha abierto a través de nuestras hijas. Nuestras niñas –Cora (9), Gwyneth (7) y Lena (3)– continúan siendo un instrumento clave en las formas en las que Dios nos usa acá en Tailandia. Hemos tenido conversaciones muy abiertas y honestas con algunas de las familias tailandesas con relación a las clases de nuestras hijas, la manera en la que vivimos como familia, la razón por la que vivimos y trabajamos acá, y cuestiones de fe. Montar motonetas junto a nuestras hijas es una manera excelente de conocer y de sostener conversaciones con nuestros vecinos. Ir a almorzar a una cafetería local inevitablemente nos lleva a una conversación con uno o dos de los clientes y/o trabajadores. Es el tipo de ministerio que puede trasplantarse a cualquier lugar, siendo puente entre diferencias culturales al hacer el tiempo y ocuparse de quien sea que Dios ponga en su vida. No se necesita de un título rimbombante ni de ser un evangelista experto. Todo lo que Dios requiere es un corazón dispuesto y abierto que activamente busque y siga Su guía. Tal vez ayuda tener un poquito de tendencia a ser un ‘bicho raro’.

Jeremy y Dee Anne Freeman
Trabajadores interculturales en Tailandia con OMF

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