Ministerio encarnacional

Los trabajadores de OMF practican el ministerio encarnacional de muchas maneras, como aprender los idiomas de las personas a las que buscamos alcanzar.

Por Scott Hurd, Director Nacional

“Y el Verbo se hizo hombre y habitó  entre nosotros. Y hemos contemplado su gloria, la gloria que corresponde al Hijo unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.” (Juan 1:14 NVI)

Uno de nuestros valores en OMF está expresado en que “Practicamos el ministerio encarnacional”. Pero, ¿qué significa eso en realidad?

La “Encarnación”, desde un punto de vista teológico, es la doctrina que enseña que la segunda persona de la Trinidad entró a la creación en la persona de Jesucristo, quien es completamente Dios y hombre. Aparte de la definición teológica, “encarnación” puede significar la personificación de una cualidad o idea particular.

En OMF, comprendemos que el ministerio encarnacional viene directamente de nuestro fundador, James Hudson Taylor, quien entendía la necesidad de una contextualización saludable del mensaje del evangelio para compartirlo efectivamente con los no alcanzados. La cita bien conocida de Taylor, “Hagámonos como los chinos en todo, menos en el pecado, con el fin de salvar por todos los medios a algunos de ellos”, expresa en términos tangibles, el mensaje de Pablo en 1 Corintios 9:19-23, que lee:

Aunque soy libre respecto a todos, de todos me he hecho esclavo para ganar a tantos como sea posible. Entre los judíos me volví judío, a fin de ganarlos a ellos. Entre los que viven bajo la ley me volví como los que están sometidos a ella (aunque yo mismo no vivo bajo la ley), a fin de ganar a estos. Entre los que no tienen la ley me volví como los que están sin ley (aunque no estoy libre de la ley de Dios, sino comprometido con la ley de Cristo), a fin de ganar a los que están sin ley. Entre los débiles me hice débil, a fin de ganar a los débiles. Me hice todo para todos, a fin de salvar a algunos por todos los medios posibles. Todo esto lo hago por causa del evangelio, para participar de sus frutos.

Superficialmente podría sonar como que la mejor manera de alcanzar a las personas con el evangelio podría ser cediendo en el mensaje tanto como sea necesario para hacerlo aceptable. O, posiblemente, podríamos incorporar elementos de la cultura local directamente a la narrativa del evangelio para que parezca menos extraña. Identificar y reconocer los aspectos de la cultura local que están bien alineados con el evangelio es una manera muy útil de demostrar que el mensaje es tanto contemporáneo como pertinente para nuestros oyentes. Pero, alterar el mensaje o intentar incorporar elementos culturales existentes de forma que se sacrifica la integridad del evangelio riñe con lo que tanto Pablo como Taylor promovían. El corazón de lo que ellos expresan es la necesidad de demostrar a través de palabra y acción, la maravillosa verdad de que –aunque revolucionario y transformador– el mensaje del evangelio es completamente relevante para todos los pueblos y las culturas.

El cristianismo no es una “religión occidental” (como algunas veces lo describen), sino que es nuestra respuesta individual y colectiva a la maravillosa realidad de que Dios se extendió hacia todas las naciones y todos los pueblos en la persona de Jesucristo.

Nosotros practicamos el ministerio encarnacional en OMF de muchas maneras. Una de las más significativas es nuestro requisito de que los trabajadores misioneros aprendan el idioma (¡y a veces muchos!) del pueblo al que están buscando alcanzar. Si las personas han de entender verdaderamente la relevancia del mensaje de salvación de Dios para ellos, la mejor manera en que pueden hacerlo es al escuchar y recibir ese mensaje en su propio “idioma del corazón”.

Otro elemento profundamente importante del ministerio encarnacional es la práctica de vivir, servir y trabajar de cerca y junto a las personas con las que deseamos compartir. Esto viene del deseo genuino de construir relaciones personales auténticas con las personas y estas relaciones se forjan y refinan a través de “vivir la vida” juntos. Jesús se encontró con las personas justo en donde éstas estaban –tanto así que, de hecho, los líderes religiosos de su día lo criticaron:

Mientras Jesús estaba comiendo en casa de Mateo, muchos recaudadores de impuestos y pecadores llegaron y comieron con él y sus discípulos. Cuando los fariseos vieron esto, les preguntaron a sus discípulos: ¿Por qué come su maestro con recaudadores de impuestos y con pecadores? Al oír esto, Jesús les contestó: No son los sanos los que necesitan médico, sino los enfermos. Pero vayan y aprendan qué significa esto: “Lo que pido de ustedes es misericordia y no sacrificios”. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores. (Mateo 9:10-13 NVI).

La noción de “vivir la vida juntos” significa ir a donde están las otras personas y aprender y aceptar otras prácticas culturales desconocidas y muy diferentes a las nuestras (siempre que hacerlo no contravenga nuestro testimonio del evangelio) a fin de entablar relaciones con aquellos a los que queremos alcanzar. Jesús dejó claro que Su enfoque era alcanzar a quienes necesitaban escuchar del amor de Dios por ellos, no a aquellos que ya habían escuchado y entendido este mensaje. Esta perspectiva influye directamente en el enfoque (y el valor) de OMF de “Alcanzar a los no alcanzados”.

A mediados de 1990, Beth y yo decidimos llevar a cabo una asignación laboral en Japón, en un tiempo y lugar en el que casi no había extranjeros cerca. Esa experiencia forjó profundamente nuestra comprensión (y la de nuestros hijos) de lo que significa vivir junto a, trabajar entre y llegar a conocer y a amar a otros que piensan y ven las cosas muy distinto a nosotros. No todos tendrán la oportunidad de vivir, trabajar o servir en un entorno enormemente diferente e intercultural. Pero, entender la naturaleza y el significado de la encarnación y la noción del ministerio encarnacional nos ayudará a todos a ser mucho más efectivos al compartir el amor que tenemos en Jesús con quienes nos rodean, en donde sea que estemos.

Como cristianos, anhelamos el momento en que las multitudes de cada pueblo, nación, tribu y lengua se paren delante del trono dando alabanza y gloria a Dios. La Gran Comisión nos llama a cada uno a compartir las buenas nuevas de la salvación que hemos recibido con todos los que escuchen y OMF ha sido llamado específicamente a enfocarse en los no alcanzados entre los pueblos de Asia Oriental. Lo hacemos con disposición (en obediencia a Dios), con gozo (en respuesta al regalo de la salvación de Dios para nosotros) y de forma encarnacional (al buscar construir relaciones y compartir nuestro mensaje de esperanza con las personas alrededor del mundo en donde sea que estén).

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