Misioneros solitarios: Por qué y qué podemos hacer al respecto

¿Se sienten solos los misioneros?

Hace algunos años, yo platicaba con John, un amigo australiano. No recuerdo cómo fue que salió a la conversación, pero lo asombré. Le dije que muchos misioneros se sienten solos.

A mí no me sorprendió experimentar soledad en mis primeros años como misionero. Después de todo, me había despedido de toda mi familia y de todos mis amigos.

Pero la intensidad de la soledad sí me sorprendió.

Por Wendy Marshall

 

La mudanza a Japón, cuando yo estaba en mis veintes, junto con mi esposo y pequeño hijo, fue una mudanza distinta a lo que hubiera experimentado antes. Hacer amigos en este nuevo país no es solo de reunir el valor para conectar con alguien nuevo. Ni siquiera podía decir “konnichiwa” (hola) cuando llegué, mucho menos entablar una conversación. Y la situación no mejoró rápidamente porque descubrí que el japonés es un idioma muy difícil de aprender.

¿Por qué se sienten solos los misioneros?

La soledad es algo con lo que batallan los misioneros de todas las edades. Podría parecer como que los misioneros conocen a muchas personas, tanto en el país que los envía como en su país anfitrión. Tal vez por eso es que John se sorprendió. Sin embargo, a los misioneros a menudo les cuesta compartir el sentir real de su corazón con otros.

Con las personas que nos apoyan podemos sentir la presión de parecer perfectos. Buscamos ser buenos embajadores del trabajo que hacemos, por lo que somos cuidadosos con lo que decimos y escribimos.

Las personas cercanas a nosotros antes de que saliéramos al campo han seguido con sus vidas. Nosotros, los misioneros, también hemos cambiado, por lo que la cercanía que alguna vez experimentamos podría ya no estar cuando volvamos. Y, comprensiblemente, puede ser difícil para nuestra familia y amigos el identificarse con nuestras nuevas vidas.

Con las personas en nuestro país anfitrión no compartimos un idioma materno en común, la cultura es diferente, y somos vistos como extranjeros. Incluso la cercanía con los cristianos en nuestro país adoptivo es difícil, pues llegamos con la etiqueta de “misioneros”.

Hacer amigos siendo un expatriado puede ser difícil

La otra fuente potencial de amistades está entre colegas y otros expatriados a quienes nos encontremos mientras vivimos en el extranjero. Acá hay algunos desafíos que podríamos enfrentar:

– No hay muchas opciones de personas cercanas que sean “como nosotros”. Por ejemplo, en Japón conocemos a pocas personas de nuestro país natal (Australia).

– Los expatriados son un grupo móvil de personas. Casi todos los años tenemos que despedirnos de personas que están por dejar el país. Algunos a los que les hemos dicho adiós se habían convertido en buenos amigos, pero tal vez nunca volvamos a verlos. Y siempre hay expatriados nuevos que llegan, por lo que hay que iniciar relaciones otra vez.

– Los colegas pueden estar demasiado ocupados en el ministerio como para invertir en los amigos expatriados, o tal vez han salido lastimados demasiadas veces al perder amigos como para estar dispuestos a forjar relaciones cercanas con nuevos expatriados.

La soledad tiene impacto en la salud mental

Hace algunos años, vi a uno de nuestros cuatro colegas luchar intensamente con la soledad. Luego, comencé a darme cuenta de que perder amigos repetidamente estaba estremeciendo mi estabilidad mental más y más al pasar los años.

Así es que la última vez que fui a Australia, hablé con un sicólogo al respecto. Como resultado de esa conversación, les pedí a cuatro amigos australianos que fueran mis amigos “especiales”.

Hacer la pregunta me daba miedo, pero obtuve resultados asombrosos. Dos de las señoras a las que se lo pedí han formado un trío conmigo y todos los días estamos en comunicación por mensajes de texto (con vídeo llamadas una vez al mes). Debido a que estamos en comunicación tan frecuentemente, fue muy fácil para mí decirles, “Estoy teniendo un mal día”.

¿Cómo podemos combatir la soledad?

Cuando usted es un misionero nuevo es importante pasar tiempo aprendiendo a profundidad de su país de servicio, y en el inicio estar en contacto diario con las personas en su país natal puede ser un distractor. Así es que no le recomendaría a un misionero nuevo que mantenga una conexión tan intensa con personas en su país natal como lo hice yo con el trío que formamos. (Estoy en Japón desde hace 20 años.)

No obstante, sí recomiendo que todos los misioneros estén a la búsqueda de personas con quienes puedan profundizar y ser honestos, personas que estén comprometidas a permanecer en contacto con regularidad. Estas personas deben ser accesibles, en lugar de ser personas que le drenen las fuerzas o lo agoten. Sugiero a más de una persona porque la gente tiene su propia vida y los amigos con mejores intenciones no siempre pueden estar allí para usted.

El año pasado tuve que despedirme de una amiga misionera que me había buscado cuando ella llegó por primera vez a nuestra área. Fueron media docena de años de citas con relativa regularidad para tomar café antes de que ella tuviera volver a casa para acompañar a sus padres que enfrentaban problemas de salud y ella era hija única. Esas citas para tomar café no eran cuestiones sin importancia: hablábamos de cosas difíciles; abríamos nuestro corazón. Fue difícil despedirme de ella (ni siquiera fui a darle un abrazo por causa del covid). Pero, como yo tenía otras amistades para mantenerme estable, no fue tan difícil como pudo haberlo sido.

Invierta en su relación con Dios

Pero, más que nada, lo insto a que invierta en su relación con Dios. Es importante tener balance en nuestra vida. Ya que las personas no son perfectas, ni son todopoderosas ni omnipresentes, confiar solo en las personas para que suplan nuestras necesidades de compañía siempre resultará en desilusión.

Dios nos da amigos, pero también ha prometido que Él mismo estará allí para nosotros. Jesús dijo: “Estoy con ustedes siempre” (Mt. 28:20 NTV).

Pablo lo menciona en Romanos 8:38-39: “Y estoy convencido de que nada podrá jamás separarnos del amor de Dios. Ni la muerte ni la vida, ni ángeles ni demonios, ni nuestros temores de hoy ni nuestras preocupaciones de mañana. Ni siquiera los poderes del infierno pueden separarnos del amor de Dios. Ningún poder en las alturas ni en las profundidades, de hecho, nada en toda la creación podrá jamás separarnos del amor de Dios, que está revelado en Cristo Jesús nuestro Señor.” (NTV)

Los misioneros sienten soledad y puede convertirse en una amenaza importante a su salud mental. Pero ya sea que usted sea o no un misionero, todos enfrentamos la soledad. Cada uno debe ser creativo en cuanto a cómo abordar la soledad, porque los desafíos que enfrentamos no son fáciles de vencer. Invierta intencionalmente en amigos, pero nunca deje de lado su tiempo con su Padre celestial que lo ama más de lo que lo ama nadie más.

 

Wendy Marshall

Wendy Marshall es una misionera de OMF Australia radicada en Japón, sirve con su esposo David y sus tres hijos. Ella escribe un blog de su vida en Japón en: mmuser.blogspot.co.uk

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