Siendo pequeño, me cautivaban las historias de las personas que dedican sus vidas a compartir el evangelio en otros países con personas que nunca lo han oído. Dios usó esas historias para poner un llamado a las misiones en mi corazón.
Sin embargo, al crecer yo, me di cuenta de que había mucho a lo que tendría que renunciar para ser misionero. Lugares familiares, comidas, idioma y estilos de adoración, todo eso sería diferente en otro país. Pero, los más difíciles de entregar eran las personas que Dios había puesto en mi vida y las diferentes comunidades a las que tenía la bendición de pertenecer.
Al prepararme para salir a Japón, sabía que las despedidas serían difíciles, pero sabía que estaban allí. De lo que no me percaté es de cuántos adios tendría que decir al llegar a Japón. Mientras estuve en la escuela de idiomas, veía a mis compañeros misioneros casi todos los días y me hice miembro de un gimnasio local de escalada. Cada vez que se graduaba un misionero de la escuela de idiomas, había que decir adiós. A mitad de camino de la escuela de idiomas me cambié de iglesia y tuve que decir adios. A inicios de este año, fue mi turno de concluir la escuela de idiomas y de mudarme a una nueva ciudad y capacitar a una iglesia allí. En ese momento, tuve que decir adiós a más amigos misioneros, amigos de la iglesia y amigos de la escalada. El decir adios constantemente ha sido una de las cosas más desafiantes en mi tiempo en Japón hasta ahora.
Pero, aunque es difícil decir adios, hay testimonios de la fidelidad de Dios pues Él provee de comunidad y amistades en cada lugar a donde me ha llevado. En mi país natal cuento con un valioso equipo de personas que oran por mí y me apoyan. Acá en Japón, me he sentido muy exhortado por los misioneros y creyentes japoneses a los que he llegado a conocer. Estoy agradecido por las relaciones fuera de la iglesia y oro que, aunque nuestro tiempo juntos ha sido corto, Dios lo use para sembrar semillas en sus vidas y, finalmente, sea glorificado. Dios ha puesto a diferentes personas en mi camino en diferentes estaciones de la vida y estoy agradecido por ellos. También estoy a la expectativa de aquellos a quienes conoceré en el futuro mientras sigo en este viaje.
Por un misionero con OMF



