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De qué manera apoya el ministerio de Taipéi las actividades de extensión en Belfast

Por  LINDA MCFERRAN Y KEITH DUDDY

En el 2018, luego de 32 años en Taiwán con OMF, Linda McFerran volvió a casa en Irlanda del Norte. Acá, ella nos cuenta que lo que aprendió en el extranjero la ayudan a compartir las buenas nuevas de Jesús en un contexto nuevo.

‘Permita que Taiwán toque su corazón’ era la canción tema de la Junta de Turismo de Taiwán hace unos años. Puedo identificarme plenamente con ello luego de 32 años en Taiwán, allí es donde pertenezco. Es en donde aprendí tanto del amor, la gracia y fuerza de Dios. Y he vivido una vida real y abundante.

En Taiwán trabajé entre personas con hogares desintegrados: niños, jóvenes, y sus familias. Mi carga era por ver que las relaciones fueran restauradas en Cristo. Pero, al volver a Irlanda sin embargo, todo me era desconocido… miedo, incertidumbre, una profunda sensación de pesar y pérdida.

Aunque ahora estaría ayudando a mis padres, yo sabía que todavía tenía energías y fuerza para servir al Señor, ¿pero cómo? ¿En dónde? ¿De qué manera?

El Señor dio instrucciones muy claras cuando volví a mi iglesia en mi país – sí, sentí que había llegado a ‘casa’. Claro, hubo muchos cambios, pero ver cómo el Señor preparaba el camino ha sido maravilloso.

El evangelismo, el cuidado de la familia, extenderme a niños de familias disfuncionales, involucrarme compasivamente en la comunidad, todo ello era parte de mi vida en Taiwán. Qué maravilloso volver y encontrar las mismas necesidades en el área en donde está situada la iglesia presbiteriana de Woodvale –un área desfavorecida económicamente del norte urbano de Belfast, que sufrió terriblemente durante los 30 años del conflicto norirlandés o The Troubles, como le llaman en inglés. Y es emocionante ver el deseo por alcanzar estas situaciones de maneras nuevas y creativas. ¡Esto ha traído gran emoción a mi corazón!

Al trabajar en Taiwán, aprendí de estas cinco áreas, que aún aplican en Irlanda del Norte:

1. Ver

El Señor Jesús nos dijo, ‘¡Abran los ojos y miren los campos sembrados! Ya la cosecha está madura’ (Juan 4:35). Sí, incluso en el Irlanda del Norte hay cientos de personas a la vecindad que no han escuchado de Cristo aún. Y las naciones están presentes también: chinos, polacos, nigerianos, mexicanos, venezolanos, italianos y españoles.

 

2. Escuchar

Debemos de escuchar al Señor, lo que nos está diciendo, lo que quiere que hagamos en este lugar y que sigamos su instrucción. No debemos temer a probar cosas diferentes.

3. Vivir

Vivir en otra cultura significa ver los valores y creencias de forma diferente. Sin embargo, poder presentar una cultura bíblica a nuestra comunidad es muy importante. Estoy agradecida por haber vivido en Taiwán con los ojos abiertos a la cultura y ver el corazón de Dios por las personas. Lo mismo aplica a Irlanda hoy. Aunque hace 32 años nuestros amigos habrían asistido a la iglesia con nosotros, hoy la cultura ha cambiado. Necesitamos andar por allí, afuera, en donde están las personas para poder compartir el evangelio. El ministerio en Taiwán a menudo era tarde en la noche, en las tardes en el parque o llevando literatura a trabajadores en restaurantes o en tiendas. Existen oportunidades similares en Belfast. Recientemente desafié a nuestros jóvenes a que no solo compren literatura cristiana y oren, sino también a que salgan juntos y se la entreguen a las personas en nuestra comunidad.

Hudson Taylor era conocido por su sensibilidad a la cultura china y su celo por el evangelismo. Cuando otros trataron de aferrarse a sus costumbres británicas, él buscó maneras de afirmar la cultura de aquellos a los que quería alcanzar. Aunque el evangelio nunca debe diluirse o ajustarse, debemos estar dispuestos a dejar de lado nuestras tradiciones, nuestros tiempos, la forma de hacer las cosas. Las personas deben tener la oportunidad de escuchar las noticias del amor de Dios, de forma comprensible, y en un momento conveniente.

4. Aprender

Necesitamos aprender unos de otros. Ninguno de nosotros tenemos todas las respuestas o dones necesarios, pero somos parte de un equipo en el que buscamos fortalecernos mutuamente y, juntos, edificar el reino de Dios a donde sea que él nos lleve. Crear equipos fue una prioridad en el ministerio en Taiwán y ahora es emocionante ser parte de otro equipo. Aprender a orar juntos en medio de una batalla espiritual tiene que ser una prioridad.

5. Amar

No siempre es fácil amar de verdad a quienes piensan, habla y actúan muy diferente a nosotros, pero somos llamados a amar. Si no mostramos el amor de Cristo, todo lo que hagamos será como nada. El recordar que hemos experimentado el amor y la misericordia de Dios debe motivarnos a ver a las personas a través de sus ojos y a amar con su amor.

David Livingstone dijo, “Dios, envíame a cualquier lugar pero ve conmigo. Pon cualquier carga en mí, pero susténtame. Y corta cualquier atadura en mi corazón excepto aquella que ata mi corazón al Tuyo.”

Linda McFerran

Iglesia presbiteriana Woodvale: ‘Linda nos ayuda a enfrentar juntos las oportunidades del evangelio.’

Keith Duddy es el ministro de Linda en la iglesia presbiteriana de Woodvale. Él reflexiona en las maneras en que recibir a Linda ha ayudado a la iglesia.

Mi esposa y yo llegamos a Woodvale, Belfast a mediados del 2018, ansiosos por servir al Señor en un lugar más antes de jubilarnos. Linda todavía estaba en Taiwán.

Aunque el futuro de nuestra congregación ha sido identificado como incierto, vemos su ubicación física como un recurso valioso. Está justo a la vecindad de un parque muy popular y nuestro edificio está en una intersección muy transitada de las calles principales de la ciudad. Estamos rodeados por cientos de hogares y varios comercios. Las personas viven vidas duras, dolorosas con sus corazones cerrados al evangelio.

Comenzamos a testificar inmediatamente en las calles, en el parque y de puerta en puerta. Y presentamos ante el Señor la necesidad de otros creyentes comprometidos con ayudar.

Mis primeras conversaciones con Linda sucedieron mientras ella aún estaba en Taipéi. Un mes antes de volver a casa, ella me escribió acerca de la congregación: ‘Estoy orando que pueda revivir una vez más’. Yo susurré ante el trono de la gracia, ‘Amén. ¿No volverás a darnos nueva vida, para que tu pueblo se alegre en ti?’ (Sal. 85:6).

¡Oramos por una iglesia ardiente, avivada con el amor por Cristo y por los que no tienen a Cristo!

Yo sabía que Linda conocía bien nuestra área y amaba a su gente. Más importante fue el que yo sentí que su celo bíblico y su corazón por el evangelismo, afinado por el Espíritu en Taiwán, podían ser un don de Dios para Woodvale.

Fue una alegría que hubiera finanzas disponibles para que fuera posible que nuestro liderazgo llamara a Linda como nuestra Trabajadora de Alcance a las Familias en junio de 2019.

Con fidelidad y gozo, Linda nos ha compartido sus conocimientos y experiencias surgidas en Taiwán. Ella nos recuerda la necesidad de contextualizar nuestro trabajo y testimonio. En un contexto cultural que cambia tan rápidamente como en Irlanda del Norte, esta es una tarea urgente. Ella demuestra un interés inquebrantable por la oración colectiva y personal. Y ha demostrado en Asia que se puede elevar la voz suavemente por Cristo en cualquier circunstancia y con cualquier individuo.

Hay una oportunidad para el evangelio en Woodvale. Es cuestión de agradecer humildemente a Dios que lo enfrentamos juntos con nuestra hermana Linda.

Ore por la iglesia presbiteriana de Woodvale:

  • Que nosotros, como iglesia seamos fieles, valientes y diligentes en compartir de Cristo
  • Por continuas oportunidades en la comunidad de ser sal y luz
  • Por sabiduría y creatividad al buscar llevar el evangelio de formas claras y frescas que las personas puedan comprender

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