Dios usa a los misioneros en nuestra debilidad

Recientemente perdimos a un antiguo miembro de nuestra comunidad. Él era un hombre de fe. Era conocido por disfrutar cantar himnos y recitar las Escrituras. Además,  no tenía un hogar. Durante muchos años no tuvo familia ni una casa. Sin embargo, nosotros, que estamos conectados con la comunidad de personas sin hogar en Tokio, lloramos por él y agradecemos al Señor por él.

Con demasiada frecuencia parece que no estamos en la misma sintonía que Dios. Valoramos a los ricos, poderosos y fuertes. Creemos que si podemos ser como ellos, podemos hacer mucho por el Señor.

He conocido a muchos misioneros -hombres y mujeres de gran fe- que avanzan sin parar en el poder de Dios. Pueden hablar extensamente sobre sus muchos logros y tantas cosas que Dios está haciendo. Al compararme con este tipo de misioneros, me siento fracasado.

Al término de mi primer tiempo de servicio como misionero me enfermé. Los médicos habían realizado muchas pruebas y aún no habían diagnosticado nada adecuadamente. Tenía la esperanza de que al regresar a mi país de origen y al acceder a un sistema médico sin la barrera del idioma, se solucionaría el problema rápidamente, pero no fue así. Es una larga historia, una que me mantuvo alejado de Japón durante varios años.

Pero, alabado sea Dios, ahora estoy de regreso en Japón. No volví completamente curado y listo para ser una gran potencia; regresé con una enfermedad crónica. Si bien no estaría dispuesto a estar en ningún otro lugar, hay días en que le pregunto a Dios por qué me trajo de regreso. ¿No podría un misionero más fuerte y saludable lograr más de lo que yo puedo?

Trabajo con los pobres y los marginados, personas que luchan por entender la vida cuando es difícil y parece que hay pocas posibilidades de tener una vida saludable y exitosa. No vengo a ellos como alguien que es fuerte y lo tiene todo junto. Yo también estoy tratando de descubrir la vida. Sin embargo, también puedo acudir a ellos diciéndoles que podemos encontrarnos con el Dios del Universo en nuestra debilidad y sufrimiento, y en nuestra lucha diaria por descubrir cómo vivir. Me siento humilde al pensar que Dios puede usar la debilidad y el dolor tanto o más, de lo que puede usar la fuerza.

Sé que en este mundo la gente seguirá luchando. El dolor no cesará pronto, ni el estrés de la vida diaria. Muy a menudo el mundo intentará que cubramos esos «defectos» y pretendamos que somos fuertes. Sin embargo, tenemos un Dios que no solo es infinitamente más fuerte que nosotros, sino que anhela encontrarnos en nuestra debilidad para que en él podamos ser fuertes.

Por Rijke, misionero de OMF

¿Orarías por Japón?

  • Ora para que los misioneros no se desanimen cuando estén en medio de las pruebas.
  • Ora para que todos los cristianos podamos tener nuestra mirada puesta en Jesús y podamos reflejarlo a quienes nos rodean
  • Ora para que no tratemos de esconder nuestras imperfecciones los unos de los otros, sino que señalemos el camino a Cristo.

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