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¿En dónde está tu uniforme?

Los uniformes son cosa seria acá en Tailandia. A diferencia del país occidental en mi pasaporte, en donde la gente disfruta de pelear contra los uniformes, vociferando y protestando que los uniformes obstaculizan la individualidad y la expresión personal, a los tailandeses les gusta mucho vestir de uniforme.

Los uniformes dan al individuo la sensación de pertenecer a algo más grande que uno mismo. Permiten un vínculo en común. Abren la puerta para poder conocer a alguien: “Ah, ¿tu hijo también asiste a la escuela Jirasat?” Los uniformes son marcas seguras, visibles del crecimiento y son ritos de pasaje, pues los uniformes para párvulos, primaria, secundaria y la escuela superior son claramente diferentes. Comunican visiblemente en dónde trabaja la persona. Muchos tailandeses se esfuerzan por ser trabajadores del gobierno. ¡Imaginen su orgullo y sentido de logro el primer día que visten su uniforme de servidor civil! Los asistentes a la iglesia disfrutan de vestir camisas tipo polo iguales, con el emblema de su iglesia en el bolsillo del pecho y quizás un versículo bíblico en la espalda. “Yo me identifico con este grupo”, indica esa camisa. “Soy parte de algo. Reconozco mi necesidad de los otros, nuestra interdependencia, el gozo que tenemos juntos, el hecho de que nosotros como un todo somos más que yo solo.”

Los que nos identificamos como pertenecientes a Cristo tenemos un uniforme que vestimos, también. “Sobre todo, vístanse de amor, lo cual nos une a todos en perfecta armonía”, nos enseña Colosenses 3:14.

Temo que algunos días olvido vestirme con el uniforme del amor. O, intento ponérmelo con prisa y todo el día pasa mal colocado. Ha habido días en los que voluntariamente he decidido vestir con otras cosas en lugar de con este uniforme que el Padre ha provisto en su misericordia. Cierto es que Su uniforme no siempre es bien recibido. Parte de mí preferiría autocompadecerme, desquitarme, gruñir, ser resentida, suponer lo peor o perder el control. Es mucho más fácil. Pero solo el camino del amor me liberta. Abre el camino para la intimidad que anhelo con mi familia y amigos, suaviza mis interacciones con los compañeros del trabajo, y me liberta del vicio mortal de odiar a mis enemigos.

“De este modo todos sabrán que son mis discípulos, si se aman los unos a los otros.” (Juan 13:35) Más allá de que el mundo reconozca quiénes somos, nuestro uniforme del amor también nos da una manera de conocernos unos a otros.  Estamos en el mismo equipo. Somos siervos en un mismo hogar. Somo sacerdotes del mismo pacto. Somos hermanos y hermanas de la misma familia.

En este país, estoy rodeado por aquellos cuya vestimenta diaria me indica a qué escuela asisten, en dónde trabajan, en dónde pertenecen.

¿Me vestí con mi uniforme hoy?

Escrito por Bekah Farber

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