“La difusión del evangelio cristiano y el crecimiento de la iglesia en todo el mundo durante dos mil años se han debido en gran parte al trabajo de innumerables cristianos anónimos que chismorreaban las buenas nuevas en su propio idioma y entre los pueblos de su propia cultura. Ellos están en los registros de Dios, y rara vez se anotan en los registros humanos».

Así inicia el capítulo escrito por David Killingray en el nuevo volumen de Dar forma al Cristianismo en la Gran China: cristianos indígenas en foco (Oxford: Regnum, 2017). Este es uno de los 17 artículos en el libro, que comenzó como una conferencia en 2015, con el deseo de desviar la atención del misionero occidental hacía las contribuciones que los cristianos indígenas han hecho en la construcción de la iglesia China.

Mientras la Iglesia sigue creciendo, somos testigos de cómo los movimientos misioneros indígenas están llevando el evangelio a todo tipo de lugares.

Según Bruce Koch,

“La fuerza misionera no-occidental creció ocho veces más rápida que la contraparte occidental entre 1990 y 2000”.

Brasil, Corea del Sur e India están en el top ten de los países enviadores de los aproximadamente 400,000 misioneros cristianos internacionales.

¿Cómo deberíamos responder a lo que está sucediendo en la mayoría de la Iglesia ahora?

Primero, ¡deberíamos poner atención y escuchar! Tanto en los libros de historia de la Iglesia como en la teología sistemática, las voces de occidente han sido prominentes. Pero las cosas están cambiando. Fue Dietrich Bonhoeffer quien dijo:

“El primer servicio que podemos hacer por otros… consiste en escucharlos”.

Bonhoeffer estaba preocupado por los cristianos que no escuchaban a los no-cristianos, pero sus palabras podrían aplicarse igualmente a la urgente necesidad de que los cristianos se escuchen unos a otros en la Iglesia global. El movimiento misionero occidental habla mucho cuando debería estár escuchando.

El llamado a escuchar es una frase común en los primeros capítulos de Apocalipsis. El libro inicia con siete mensajes proféticos para iglesias individuales. Y aunque cada iglesia recibe un mensaje específico a su situación, la instrucción al final de cada mensaje es para todas las iglesias: “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias” (RV1960).

Cada iglesia tiene algo que aprender del resto.

Así que lo segundo que podemos hacer es aprender. No hay organización misionera que tenga el monopolio de las misiones. Tenemos que profundizar en nuestra comunión con otras partes de la Iglesia global y sus movimientos misioneros. Adoptar y fortalecer formas que nos permitan aprender de los demás, de modo que el mensaje comunicado por el Espíritu pueda ser escuchado, entendido y puesto en práctica en su totalidad. Hay una tendencia a concentrarnos tanto en lo que decimos y hacemos en nuestro campo de misión que no logramos apreciar el panorama general y, por lo tanto, nos perdemos las formas en que Dios está haciendo avanzar su misión.

Aquellos de nosotros dentro del movimiento misionero occidental debemos hacer más para escuchar esas voces que tendemos a ver como marginales en lugares donde tenemos una larga historia de servicio. Hoy esos mismos lugares están a menudo en el centro de lo que Dios está haciendo en la misión.

Tal como David Smith señala,

“La profunda enfermedad espiritual que aflije al Norte rico podría curarse cuando las voces del resto del mundo sean escuchadas y entendidas”.

Kirk Matthews nos cuenta en su artículo acerca de la iglesia de Mongolia y su creciente movimiento misionero. Aquí hay un ejemplo de Dios en acción, típicamente llevando a cabo su misión desde la periferia, dándonos la oportunidad de aprender de una iglesia joven, que viaja ligera, ágil, con mucha oración y fe.

Mientras nuevos patrones misioneros emergen en contextos de la iglesia mayoritaria, las agencias misioneras tradicionales como OMF tendrán oportunidades para escuchar, aprender y ser animados por dichos movimientos.

Hay dos grupos de personas en particular que necesitan nuestro aliento y apoyo. En su análisis de la difusión global del evangelismo en los años 1945-2000, Brian Stanley escribe que:

“En Asia, África y América Latina, los actores principales en la misión eran frecuentemente los jóvenes y las mujeres”.

Estos son a menudo los evangelistas y líderes anónimos y no reconocidos que han “cotilleado las buenas nuevas en su propio idioma y entre los pueblos de su propia cultura”, tomaron la iniciativa y “transformaron las estructuras de misión existentes, inventaron otras nuevas u operaron con muy poca estructura en absoluto”.

–Dr. Peter Rowan
Diretor Nacional, OMF Reino Unido

Veronica López Arévalo, una joven periodista y activista misionera chilena, leyó el artículo del Dr. Peter Rowan. Lea su provocadora respuesta aquí.

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1. Perspectives on the World Christian Movement, 4th Edition, 2009

2. Christianity Today 27 July, 2013, 2010 statistics

3. Mission After Christendom, 2003:131

4. The Global Diffusion of Evangelicalism, Leicester: IVP, 2013:91

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