Taichung está rodeado de montañas y el senderismo es una actividad que disfrutan muchos lugareños. Poco después de llegar a Taichung, me invitaron a un chat grupal masivo donde los taiwaneses locales organizan actividades de senderismo casi todas las semanas. Decidí unirme a ellos un par de veces.

La primera caminata fue un sendero llamado Dakeng Trail No. 9. Se supone que es una de las caminatas más fáciles de la zona. A lo largo del camino, habían muchos puestos vendiendo frutas, verduras, maíz cocido y camote horneado. La caminata en sí fue muy agradable.

Durante la caminata, mis «compañeros de excursión» me hicieron muchas preguntas sobre por qué estoy en Taiwán. Eso me dio la oportunidad de hablarles sobre Jesús y el cristianismo. Inmediatamente me asociaron con los mormones, lo cual tuve que aclarar.

Estoy agradecido de que entendieran suficiente inglés, ya que solo estaba en mi segundo mes de aprendizaje del idioma y no hablaba mucho mandarín.

Al final de la caminata había un santuario y una estatua, donde muchos lugareños se detuvieron a orar. Juntaban las manos, oraban y se inclinaban cada vez que pasaban por allí. Cuando presencié a dos de las personas de mi grupo de excursionistas hacer esto, la voz dentro de mi cabeza gritó: «¡Nooooo!». Oré en silencio por ellos.

Mi segunda caminata fue a la montaña Yuanzui, que fue mucho más difícil. Esta caminata requiere el uso de cuerdas preinstaladas para escalar. Esta fue una caminata mucho más larga y también me brindó más tiempo para compartir con ellos las razones de por qué estaba en Taiwán y qué estaba haciendo. Como dije, tenían muchas preguntas para mí.

«Espera, entonces si eres un misionero, ¿eso significa que eres un mormón?»

Entonces, ¿eso significa que quieres ser sacerdote? ¿Se les permite casarse?»

Me encanta que la gente de Taiwán sea tan abierta y curiosa. Las caminatas fueron muy agradables por sí mismas, pero las oportunidades de compartir el evangelio con los taiwaneses hicieron que cada segundo de las caminatas fuera aún más agradable y valioso.

–Kyong Yu, Misionero asociado de OMF
(Taiwán central)

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