Cuando decidimos hacernos cargo de la plantación de iglesias en Izumi Park Town Church, esperábamos trabajar en colaboración con Jim y Terui Grace, quienes ya estaban involucrados en la iglesia, pero cuyo ministerio principal era con estudiantes universitarios. Sin embargo, justo antes de comenzar a trabajar en esta plantación, nos enteramos de que Jin y Terui pronto asumirían un nuevo rol en el Centro de Lengua y Cultura Japonesa en Sapporo.

Después de que Jim y Terui se mudaron a Sapporo, una estudiante universitaria que habían conocido como parte de su ministerio (la llamaremos Manami) vino a las reunones de la iglesia varias veces seguidas. Pero de un momento a otro dejó de asistir. Estuvimos orando por Manami varias semanas y meses, hasta que un domingo volvió a aparecer. Nos dijo que estuvo lideando con el estrés de la vida universitaria y que había estado hospitalizada durante un tiempo. Luego nos sorprendió cuando nos pidió ser bautizada. Nosotros la invitamos a participar de una clase para explicarle el evangelio y la fe cristiana.  

Manami estaba muy ansiosa de participar en la clase y no tuvimos que convencerla de nada. Reconoció que era una pecadora que necesitaba el perdón de Dios y rápidamente puso su fe en Jesús. Finalmente, algunos meses después se bautizó. Fue una gran sorpresa ver a su madre en el servicio del bautizmo. Dado que ella no era creyente, le pregunté cómo se sentía con respecto al bautismo de su hija. Sorprendentemente me dijo que estaba a favor de que Manami se hiciera cristiana. Su hija solía estar llena de desesperanza, pero después de creer en Jesús, su madre pudo ver que tenía esperanza y paz.

Varios meses después, nos encontramos con Jim y Terui en un aeropuerto. Fue emocionante mostrarles fotos del bautismo de Manami y alegrarnos juntos por lo que Dios había hecho en su vida. Las semillas que Jim y Terui habían plantado en la vida de los estudiantes, continuaron brotando y dando frutos mucho después de que ellos mismos se hubieran ido. Aunque mi esposa y yo no estábamos directamente involucrados en el ministerio con estudiantes universitarios, cosechamos los beneficios del arduo trabajo de aquellos que sí lo estaban. En palabras del apóstol Pablo: «Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios».

Este principio de sembrar y cosechar nos mantiene humildes y esperanzados, porque es Dios quien guía a cada persona por el camino de la vida. Nos recuerda que aunque los estudiantes pueden conocer algún ministerio durante pocos meses o años, los efectos pueden durar toda la vida. 

—Por Joel, misionero de OMF

¿Orarías por Japón? 

  • Ora para que las semillas que han sido plantandas en los corazones de los estudiantes japonenes a lo largo de los años, broten y den fruto.
  • Ore para que los misioneros no se olviden del principio de la siembra y la cosecha.
  • Ore por las familias de los nuevos creyentes, para que sean un apoyo e incluso consideren ellos mismos al Dios de la Biblia. 

 

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