Sattha Football Ministry

¿¡Cuatro años atrás!? ¿¡Qué!?

Lo recuerdo como si fuera ayer. Tan solo unos meses antes me había decidido inscribir en el viaje de corto plazo de Serve Asia, llamado Sattha Internacional. Fue un viaje misionero de un mes en Tailandia, donde usamos el futbol para construir relaciones con los tailandeses y compartir el evangelio con ellos. 

Fui criado en la iglesia, pero nunca conocí mucho de la misión. ¿Qué era un evento misionero? Solía escuchar ese término de las personas mayores de mi congregación en Bélgica. Pero para mí siempre fue un concepto vago. 

Poco sabía que entraría en este “mundo misionero” unos años más tarde y descubriría que la misión era en realidad algo comprensible, colorido y hermoso, pero más importante aún, algo de lo que podría ser parte.

Estaba en mi primer año de universidad y no estaba muy seguro de si esto era realmente lo que quería hacer… Le pregunté a Dios y esa misma semana recibí un volante en mi buzón con un anuncio sobre Sattha International. Decía: «Buscando jóvenes deportistas que vengan y se unan a nuestro equipo de fútbol en Tailandia». ¿Fútbol? Estaba interesado. Yo jugaba fútbol y la oferta me pareció muy atractiva. Oré al respecto y, todavía con un poco de miedo en el corazón, decidí registrarme y ver qué pasaba.

No pasó mucho tiempo cuando después recibí un correo electrónico desde la oficina, diciendo que me habían aceptado. 

Unos meses más tarde me encontré de pie en el aeropuerto, listo para despegar hacia Tailandia.

De repente, este miedo se apoderó de mí. Comencé a cuestionarme todo… ¿Qué estaba haciendo? Estaba tan nervioso, mi corazón latía tan rápido que no pude evitar llorar en voz alta cuando tuve que despedirme de mi familia. ¿En qué estaba pensando? ¿Ir a este país lejano solo? Sin saber nada ni a nadie. Nunca antes había estado en un avión … Apenas hablaba una palabra de inglés … Sentí que era un gran desastre. 

Traté de mantenerme en paz mientras me despedía y pasaba por seguridad, diciéndome a mí mismo que debía ser fuerte y que estaría bien. Me golpeó tan fuerte. Este fue el paso más grande que jamás había dado y era hacía lo desconocido. Todo tipo de incertidumbres y preguntas comenzaron a atacar mis pensamientos. Fue un paso de fe donde solo Dios podría haberme llevado …

¡Dios por favor ayúdame! Lo único que pude hacer fue clamar. Después de todo, ahora solo éramos él y yo …

Encontré mi puerta y finalmente pude sentarme y liberar el estrés que estaba sintiendo por causa del viaje. Mientras estaba sentado, recibí un mensaje de texto de mi hermano que me animó bastante. Entonces escuché que decían por el altavoz: «Los pasajeros ya pueden comenzar a abordar». Así que tomé mi tarjeta de embarque y abordé el avión. Yo ocupaba el asiento del medio, a mí izquierda había un francés y a la derecha un tailandés.

Nos saludamos y curiosamente, empezamos a charlar. Resultó ser que vivía en Bangkok. Mientras hablábamos, me di cuenta de que mi inglés no era un gran desastre como yo pensaba. Era muy básico, sí, pero al menos podía sobrevivir. 

A partir de ese momento la presencia de Dios fue tan evidente, como si estuviera diciendo: «¡No te preocupes, yo te tengo! Te veo y voy contigo. No hay necesidad de tener miedo. Estoy aquí. Yo te cuidaré y te sostendré de la mano. Mi paz es todo lo que necesitas, porque en tu debilidad puedo ser fuerte”. Y de hecho en ese momento me sentí en completa paz. Pude sentir el cuidado de Dios y darme cuenta que él tenía un plan.

En el mes siguiente, sentí su presencia más cerca que nunca. Trabajé con un equipo increíble, me rodearon las hermosas sonrisas de todos esos niños pequeños e hice amistades para toda la vida. Pero lo más importante es que conocí a Jesús en un nivel muy personal. Durante el viaje se hizo más real en mí. Lo sentí más cercano que un amigo. Y aunque fui a servir al pueblo tailandés, sentí que era yo quien estaba siendo servido. ¡Y no solo por cualquiera, no, por el creador del universo! Me estaba invitando a su presencia y a una aventura de por vida juntos.

Lo que antes había escuchado sobre la misión, se hizo una realidad en mi vida gracias a Tailandia.  El simple conocimiento intelectual sobre misiones no era suficiente para mí. Pensaba que este llamado especial era solo para los que eran suficientemente fuertes como para dejar todo atrás y mudarse a una tierra lejana. Mi idea sobre las misiones no era realmente precisa, no sabía mucho. Ahora me doy cuenta de que todos estamos llamados a ser misioneros. Todos estamos llamados a ser parte de la Gran Comisión de compartir las buenas nuevas de Jesús con el mundo. Ya sea en el extranjero o simplemente en la ciudad en la que creciste. No importa dónde esté porque Dios puede usarnos en todas partes. No es difícil encontrar gente. Es posible que su compañero de trabajo necesite a Jesús tanto como el niño huérfano que vive en los suburbios.

En ese entonces no lo entendía. Necesitaba algo más. Es lo mismo que con mi relación con Jesús. Puedo saber mucho sobre él. Puedo conocer todos los hechos históricos y fechas e inspirarme por la forma en que vivió su vida, incluso puedo verlo como una inspiración para mi propia vida, pero ¿eso significa que lo conozco personalmente? ¿Eso significa que tengo una relación cercana con él?  Hay una diferencia entre conocer a alguien, principalmente con la cabeza y saber realmente con el corazón. Y así fue también con las misiones.

Para mí, tenía que ir más profundo, de la cabeza al corazón. Necesitaba conocimientos experimentales, ya que es el encuentro lo que nos transforma. Es el toque muy personal con Jesús lo que nos deja sin palabras. Fue el amor de Dios lo que me hizo llorar, sabiendo que era pecador y necesitaba un salvador. Fue la sonrisa en los rostros de esos niños tailandeses lo que provocó un cambio en mi corazón.

Con el conocimiento mental solo, nunca me habría levantado de mi sofá. Pero a través de un toque personal del perfecto amor de Dios por mí, salté de mi asiento lleno de alegría y emoción. ¿Por qué? Porque este amor lo valió todo. Otros necesitaban experimentar esta abundancia y libertad que se ofrece en Jesucristo.

Ahora miro hacia atrás, cuatro años después, y todavía estoy muy agradecido de haber dado ese paso con fe y haber ido. Se me abrió un viaje completamente nuevo y no lo cambiaría por nada. ¡Hagámoslo de nuevo Jesús! ¿Cuál es el siguiente destino?

Katrien
Obrero de Serve Asia 

Start typing and press Enter to search

Watercolour Pictures