El obrero de OMF Mike McGinty lideró un equipo de ayuda en el noreste de Japón después del tsunami en 2011. Aquí hay 7 principios que él ha reflexionado como parte de su aprendizaje en ese momento y que nos pueden ayudar a pensar en la respuesta al COVID-19 alrededor del mundo.

Al contemplar el gran erial de lo que fue en su momento una ciudad costera próspera en Japón, me pregunté cómo los residentes locales podrían recuperarse alguna vez de lo destructivo que había sido todo. La búsqueda continuó para encontrar cuerpos entre los escombros y pudimos observar a sobrevivientes deambulando sin rumbo fijo entre las ruinas de sus casas, negocios y escuelas.

En menos de unos pocos minutos en ese fatídico día del 11 de marzo del 2011, la vida le cambió para siempre a cientos de personas esparcidas a lo largo de la costa noreste de Japón. Al llegar un poco después del desastre, fue un privilegio vivir y servir por 2 años entre estas personas resilientes. 

Ahora que el mundo esta enfrentando un tipo de crisis diferente como lo es el COVID-19, he pensado muchas veces en los paralelos de nuestra experiencia pasada, haciendo un trabajo de asistencia, y lo que esta aconteciendo hoy en día a escala global. Aquí les dejo 7 de mis observaciones.

1. LAS CIRCUNSTANCIAS EN CONSTANTE CAMBIO PRODUCEN CONSTANTES NECESIDADES

A raíz de la catástrofe del 3.11 en Japón, nos comisionaron a coordinar la obra de Asistencia Humanitaria de OMF. Pero nos dimos cuenta rápidamente que era difícil satisfacer las necesidades, ya que iban cambiando rápidamente. Cuando llegamos, las necesidades más apremiantes eran el agua potable, productos de papel, comida, gasolina, ropa abrigada y albergue. Después que separamos las limitadas provisiones de los productos de ayuda que trajimos, extendimos una llamada inmediatamente a lo largo del país para que se pudieran colectar más artículos. En el momento en que estos productos llegaron un par de semanas más tarde, las víctimas de la catástrofe tenían otras necesidades como ropa interior, cortaúñas, y calcetines.

Experimentamos este ciclo muchas veces en los primeros días de este trabajo de ayuda. A raíz de la catástrofe, las llamadas “demandas de mercado” van moviéndose violentamente por lo que hay un gran tiempo de demora al momento de reconocer, y como consecuencia, de satisfacer esas demandas. Quizás es de ayuda el recordar este modelo cuando las respuestas presentes parecen ser frustrantemente lentas o desgraciadamente inadecuadas.

2. LOS ESFUERZOS MÁS RÁPIDOS E IMPERFECTOS SON MUCHO MÁS EFECTIVOS QUE MÉTODOS PERFECTOS PERO QUE REQUIEREN MUCHO MÁS TIEMPO

El tiempo es un producto escaso cuando se trata de lidiar con emergencias nacionales. Deben tomarse riesgos e inevitablemente habrá errores. La alternativa de retrasar las respuestas críticas para que todo salga perfectamente correcto puede costar la vida de muchos y retrasar el cumplimiento de las necesidades más críticas.

El tiempo fue nuestro enemigo durante esos días. Los que observaban desde afuera no podían entender este importante concepto desde un lugar seguro usando sus métodos de manera normal. Una crisis de tal envergadura generalmente demanda nuevas iniciativas y actos de un espíritu emprendedor para entregar soluciones significativas, a pesar de que no siempre todo será perfecto. Desafortunadamente, muchos críticos tienden a alumbrar su postura de desaprobación por los errores que se cometen y pasan por alto cualquier progreso que también se ha logrado.

3. AMBOS, EL GOBIERNO Y EL SECTOR PRIVADO, TIENEN ROLES IMPORTANTES QUE CUMPLIR

Es fácil criticar el aparente esfuerzo que hace el gobierno al lidiar con desastres naturales. Sin embargo, no podemos pasar por alto su increíble capacidad para movilizar empeñosamente los recursos necesitados a gran escala. Por el contrario, el sector privado (incluyendo a la iglesia) normalmente es mucho más ágil y puede, en muchas instancias, responder con una mayor rapidez las demandas presentadas dándole un toque personal, lo que es igual de importante.

Cada grupo ofrece servicios importantes que son distintivos de sus diferentes capacidades, así que en vez de criticar cada uno, es mucho más útil reconocer el rol único que cada uno cumple y trabajar de esa manera juntos lo más que se pueda. Segundo, suponer las respuestas de los otros generalmente no es de ayuda en medio de la crisis, pero las lecciones aprendidas a lo largo del camino ciertamente pueden ayudarnos como referencia para el futuro.

Una vez que la crisis ha pasado por lo peor, al punto que el personal medico y los servicios de emergencia ya no son necesitados en gran numero, ahí hay grandes oportunidades para el que el sector privado pueda hacer una real diferencia.

En nuestro propio caso, en breve descubrimos que habían voluntarios ansiosos con muchas habilidades a lo largo del país que serían recibidos de buena manera por la gente local. En los meses siguientes, esteticistas, músicos, obreros, abogados, terapistas de masajes, pastores, cocineros, aficionados, e incluso bailarines de hula de Japón y de alrededor del mundo pasaron por nuestro centro. Todos ofrecieron su mano de ayuda o un oído dispuesto a escuchar para llevar sanidad a una comunidad dolida. Ellos vinieron sacrificialmente a ministrar a otros, pero de vuelta, mucho de ellos fueron ministrados al experimentar el gozo de dar. Fue emocionante ver una transformación gradual no solo de la comunidad, si no de la creación de una comunidad más amplia entre el pueblo de Dios mientras servían.

4. LA PERSEVERANCIA Y LA PERSPECTIVA SON INGREDIENTES ESENCIALES PARA UNA RECUPERACIÓN SALUDABLE

La forma en que las personas responden ante una catástrofe es importante para su recuperación a largo plazo. Es fácil recaer en una mentalidad de víctima cuando estas solo, asustado, enfrentando escasez, y los patrones de una vida normal se ven drásticamente alterados. Pero se puede observar entre los japoneses una respuesta diferente, ya que ponen un gran valor en el concepto conocido como ‘gaman’. Usualmente se traduce como “perseverancia” o “paciencia”. Sin embargo, en un nivel más profundo, gaman significa “soportar lo que parece ser insoportable con paciencia y dignidad”. Por lo tanto, una persona que ejercita el atributo de gaman demuestra madurez y fortaleza al enfrentar las circunstancias adversas y trata de no ser una carga a los que lo rodean. Ha pesar de la difícil realidad de su mundo y sus vidas desmoronadas, hemos observado la increíble capacidad de la gente japonesa para perseverar juntos con una nueva visión y o perspectiva a medida que comienzan lentamente a reconstruir su forma de vida.

Tal mentalidad debe comenzar a un nivel individual y eventualmente penetrarse en las comunidades para que haya un cambio real de reconstrucción en cada capa de la sociedad. Los extranjeros pueden hacer mucho al prestar ayuda durante este proceso, pero tales esfuerzos deben estar unidos con iniciativas saludables por aquellos que están adentro si es posible. Una perseverancia audaz y una perspectiva balanceada son ingredientes claves para tener resultado positivo, particularmente cuando nos enfrentamos a un futuro desconocido y temeroso durante nuestra crisis actual.

5. NO ES POSIBLE ELIMINAR LA CULTURA PREEXISTENTE DEL “TENER” Y “NO TENER”

Los desastres naturales destruyen mucho mediante su paso, pero desafortunadamente, otras fuerzas milenarias permanecen. Codicia, egoísmo, pereza, y robo continúan inalterados por la catástrofe. En circunstancias totalmente diferentes, tales vicios a menudo se manifiestan en nuevas formas como almacenamiento compulsivo, saqueo, y quejas mientras nos aferramos a expectativas que son irrealistas y a comparaciones no saludables. Ninguna cantidad de ayuda extranjera puede erradicar tales problemas que amenazan con descarrilar muchos buenos resultados.

Debemos reconocer que va a haber escasez y desigualdad en la distribución en emergencias nacionales, a pesar del mejor esfuerzo organizativo y de preparación. Esta escasez por otro lado puede sacar lo peor de algunas personas, pero a pesar de eso, muchos rechazan la idea de que tales circunstancias corrompan su integridad. Nunca olvidare cuando me ofrecieron una bebida en lata sucia como un regalo de parte de una victima de la catástrofe, quien había perdido todo lo que tenía, después de haberle dado su primera comida caliente en días. Su preocupación por mi en medio de su aflicción es una lección que todos deberíamos recordar durante esos momentos.

6. INEVITABLEMENTE ALGUNOS SOPORTAN LA CARGA POR MUCHOS OTROS

Después de la triple catástrofe del 2011, cuando el terremoto mas grande registrado causó un gran tsunami creando un accidente nuclear, escuchamos historias tras historias de pocos que sacrificialmente se entregaron para servir a otros. Algunos se enfrentaron a la radiación para intentar detener la fuga nuclear. Otros se enfrentaron a circunstancias adversas y extremas para entregar ayuda médica y práctica a las víctimas. Muchos soportaron noches sin dormir, porciones escazas de comida y precarias condiciones de vida por semanas, terminando en un intento de ayuda a miles de sobrevivientes desamparados.

No todos tienes tales habilidades o fuerza física para hacer considerable aporte en una gran crisis, pero todos debemos hacer lo que podemos para reconocer a aquellos que desinteresadamente nos sirven. Algunos tienen quizás un rol mayor que cumplir, pero en aquellos momentos se requiere que todos caven más profundo y que hagamos nuestra parte en el equipo.

7. OTRAS PÉRDIDAS SERÁN REVELADAS CON EL TIEMPO

En estos días de las redes sociales y comunicación, las pérdidas después de cualquier desastre naturales son bastante obvias. Pérdida de vidas, pérdida de propiedades, pérdida en la salud, pérdida en la comunidad, pérdida en el ingreso, pérdida de la libertad.

Aun en muchos casos, incluso años después, cuando los esfuerzos de recuperación están a todo motor y se ha progresado mucho, otras pérdidas comenzarán a ser más evidentes mientras que las más catastróficas de a poco comienzan a desaparecer de nuestra conciencia. El Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT) se vuelve algo normal para aquellos que han sobrevivido. La red de apoyo social local, la cual muchos previamente confiaron, quizás no exista más ya que varios integrantes han muerto o se han mudado a otro lugar. Algunas industrias nunca podrán recuperarse, dejando a muchos sin un trabajo permanente y, por otro lado, por siempre se verá alterada la creación de pequeñas comunidades centradas en tal tipo de sustento. Incluso los profesionales y voluntarios que vinieron temporalmente a ayudar no están ajenos a las pérdidas, ya que muchos continuarán llevando a todos lados memorias dolorosas de lo que han observado o experimentado y sobrellevan una carga inexplicable que se rehúsa a desaparecer con el pasar del tiempo.

Nueve años han pasado desde ese fatídico día en Japón en marzo del 2011, y la ayuda del gobierno y otras iniciativas de reconstrucción han terminado. Sin embargo, muchos aun están heridos y la iglesia en Japón no ha perdido la vista de esta realidad y continúa haciendo el bien, como Santiago nos anima a hacerlo en la Biblia (Santiago 4:17). Que lo mismo sea dicho de nosotros como ministros de los desamparados, a corto y largo plazo.

UN RECUERDO FINAL – QUIERO VOLVER A ESOS DÍAS

Comienza a amanecer mientras camino solo con mis pensamientos en un sendero congelado cerca del puerto de Kamaishi, observando la destrucción que parece ser contradictoria con la promesa de un hermoso nuevo día.

Autos dados vuelta, grandes embarcaciones encalladas en el centro de la ciudad, vías de tren torcidas, montones de barro putrefacto junto a la basura, cimientos vacíos donde alguna vez hubo casas, y caminos convertidos en tierra apilado con escombros como una muestra de la fuerza y la ira del mar que ha barrido gran cantidad de pueblos costeros a lo largo del noreste de Honshu. Hacia todos los lugares que miraba, habían montañas de escombros que representaban la vida de los habitantes del pueblo. Pero hubo una cosa que llamo mi atención… un vinilo viejo de 45 rpm. No había visto uno en varios años así que le saqué el lodo para ver el título de la canción 「あのにかえりたい」(traducido quiere decir: “Quiero volver a esos días”).

Cuando estaba parado ahí callado en medio de la tristeza y la pérdida, esta canción escrita en la era bygone, parece representar el llanto del corazón de los sobrevivientes que desesperadamente trataban de recoger las piezas de sus hogares desolados. Nuestro pequeño equipo de ayuda que había viajado desde Sapporo con el noble objetivo de ayudar a las personas a volver como estaba antes ahora parecen estar desesperanzadamente débiles al ver tanta necesidad. Seres queridos perdidos y con poca probabilidad de que vuelvan a casa. Las casas y las posesiones que fueron destruidas no iban a ser fáciles de ser reconstruidas ni reemplazadas. La vida de comunidad nunca sería restaurada a su misma vitalidad. Los planes y sueños previos que habían sido barridos por el tsunami ahora deberían ser traídos a una nueva y difícil realidad. La vida ahora se redujo a esperar en fila para optar por necesidades básicas y noches sin dormir en centros de evacuación repleto de gente mientras continuaban enfrentando réplicas frecuentemente. Estas nuevas condiciones servían para aumentar ese deseo por esos días que nunca volverían.

Un nuevo día ahora trae una nueva catástrofe. Uno que va más allá de nuestra experiencia y preparación. Como otros en la historia que también soportaron una fuerza destructiva que cambió sus vidas, tratamos de aferrarnos al pasado y volver a los días anteriores cuando nuestras vidas no eran afectadas por el coronavirus. Pero como cristianos, nuestra fe nos permite no vivir en nuestro pasado, sino que en el futuro como personas redimidas de Dios quien nos invita a poner a un lado nuestras preocupaciones para servir a otros en el presente.

Dios no nos ha revelado aun el resultado de esta actual calamidad y el impacto que va a tener en cada uno, pero lo que tenemos debemos ofrecérselo a Él. Es natural el lamentarnos por las pérdidas, pero mientras lo hacemos, no debemos descuidar el volver con una expectante esperanza hacia Dios, quien hace todas las cosas nuevas. Esos son los días por los que debemos vivir.

Mike McGinty
OMF (EE.UU)

Mike McGinty vivió en Japón con su esposa, Rowena, por 34 años sirviendo en OMF Internacional en varios ministerios de ayuda. Originalmente es de Texas, pero actualmente reside en Denver, Colorado, lugar donde continúa trabajando con OMF para preparar a ministros del evangelio en Japón. Puedes leer más sobre Mike en su blog: https://ippoipposteps.com/

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