“La vida misionera se parece mucho a la agricultura”

Siendo un inexperto joven voluntario en un viaje a corto plazo, le pregunté a un misionero experimentado: «¿Cómo es su vida cotidiana?».

Sentía un llamado a las misiones, pero no estaba seguro de cómo Dios me estaba guiando.

Han pasado algunos años desde esa pregunta y ahora soy un joven misionero sin experiencia, pero aprendiendo de la analogía por mí mismo.

La misión y la agricultura tienen temporadas

«No es un trabajo de 9:00 a 5:00», dijo el misionero, «es un trabajo de temporada. Hay momentos en los que estás increíblemente ocupado, como un agricultor durante la siembra y la cosecha. Y hay tiempos más lentos, en los que no sucede mucho y no debes sentirte culpable descansando, porque te preparas para la próxima temporada.”

Crecí en una granja y recuerdo muchos días de trabajo que comenzaron al amanecer y terminaron después del anochecer. Pero también recuerdo los días de invierno que los pasaba​​ acurrucado con un libro o estudiando detenidamente los catálogos de semillas, planeando para el año.

Ahora, en el trabajo misionero en Japón, paso diciembre ocupado con clases de cocina y de fabricación de guirnaldas; también paso largos días glaseando pastelitos rojos y verdes o ensayando los villancicos de los niños. Preparo montañas de comida para las personas que vienen a escuchar que Jesucristo ha nacido.

Cuando llega enero hago una pausa para respirar y las cosas se calman. Me pongo al día con el sueño, escribo cartas de oración y leo libros. Sé que llegará la Pascua y que los días volverán a ser largos, aunque esta vez los pastelitos serán rosados ​​y el mensaje será que Jesucristo ha resucitado.

Trabajo incontrolable

El apóstol Pablo también usó una analogía agrícola. “Yo sembré, Apolos regó, pero Dios ha dado el crecimiento. Así que no cuenta ni el que siembra ni el que riega, sino solo Dios, quien es el que hace crecer” (1 Corintios 3:6-7).

Tanto los agricultores como los misioneros entienden que tienen poco control sobre su trabajo. Un granjero no puede hacer germinar una semilla, asimismo yo no puedo obligar a un amigo a entregar su vida a Cristo. El suelo se puede preparar, las semillas están bien colocadas y regadas y, si Dios quiere, esas semillas germinarán y alcanzarán al Hijo.

Cuando estoy desanimado, puedo recordar el aliento de Cristo a través de una palabra similar. «¡Abran los ojos y miren los campos sembrados! Ya la cosecha está madura” (Juan 4:35 NVI).

El trabajo misionero es duro, requiere esfuerzo, compromiso y persistencia. Pero Dios produce el crecimiento y nos invita a unirnos en su rica cosecha.

Gran mundo, pocos trabajadores

Los agricultores tienen un trabajo importante -todos comen, pero solo unos pocos cultivan los alimentos. Jesús vio un mundo hambriento, no por comida física, sino por él. Y nos llamó a ser parte de este trabajo: “La cosecha es abundante, pero son pocos los obreros —les dijo a sus discípulos—. Pídanle, por tanto, al Señor de la cosecha que envíe obreros a su campo” (Mateo 9: 37-38 NVI).

Dios usó una conversación simple para ayudarme a comprender mejor la vida misionera. Eso me llevó a responder al llamado de Jesús. Tal vez las palabras de este misionero, y las palabras de Jesús, también te inspiren. Oremos juntos, plantemos y cosechemos juntos: ¡los campos están maduros y la cosecha nos espera!

Escrito por Morgan, un misionero de OMF

¿Orarías por Japón?

  • Ora para que los misioneros recuerden la naturaleza de nuestro trabajo y que no se preocupen por los cambios en el ritmo de trabajo.
  • Ora para que los campos estén realmente maduros para la cosecha en Japón y que Dios traiga muchos trabajadaroes.
  • Ora acerca de cómo puedes ser parte de alcanzar a los japoneses con el evangelio

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