Cuando se declaró estado de emergencia en Japón, nuestra iglesia, como muchas otras, se vió en la obligación de no poder reunirse en un espacio físico.

Nuestro pequeño equipo de plantación de iglesias tuvo que familiarizarse con las nuevas tecnologías y aprovechar las oportunidades con respecto a cómo realizar servicios de la iglesia y estudios bíblicos en línea a través de videollamadas grupales. ⁠

Nos ha alentado ver que estas tecnologías han facilitado la participación de quiénes no podían asistir a las reuniones presenciales. Hemos sido desafiados no solo a ver las limitaciones, sino también las oportunidades en frente de nosotros en nuestra zona urbana local. Mientras que oramos y permanecemos quietos delante de Dios, buscamos formas creativas de preocuparnos por aquellos que nos rodean, aunque no les podamos ver.

Algunos en nuestro equipo hicieron canastas de Pascua y las repartieron a algunas de las personas que conocemos. También hemos compartidos mascarillas con personas que no han podido conseguir en las tiendas. Cuando todos los colegios fueron cerrados por el COVID-19, otros miembros del equipo se comunicaron con los padres para ofrecer cuidar a los niños.

También hemos explorado formas creativas de mantener relaciones significativas con nuestra comunidad local. Ha sido alentador ver a cada uno usar sus diferentes dones e intereses para bendecir a otros. Hemos realizado desde clases de cocina online y noches de juegos de mesa, a noches de películas online con tiempo para conversar y discutir la película. Debido a que no podemos ir a lugares concurridos, incluso celebramos una fiesta de hanami virtual (hanami: observar el florecimiento de los cerezos), donde compartimos fotos tomadas años anteriores.

Ha sido bueno conocer mejor a las personas y ellos realmente han apreciado la oportunidad de conversar y compartir de esta forma, a pesar de que no podemos reunirmos presencialmente. ⁠⠀

-Escrito por un misionero de OMF en un ára urbana de Japón

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