Me estaba graduando del desierto espiritual que es el MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts por sus siglas en inglés) y postulando a un magister y doctorado, cuando Dios desvió ese tren y me guio al poco glamoroso mundo de la movilización misionera. Si las respuestas de asombro e impresión que recibo cuando cuento mi historia son un indicador, pareciera que estoy violando alguna ley cristiana no escrita. Qué mal.

“¿Por qué quisieras desperdiciar tu vida en misiones?”

Encuesta rápida. Me han dicho esta pregunta al menos 25 veces…

  1. Mi profesor y mentor ateo, ganador del premio Nobel
  2. Mis amigos de fraternidad ateos
  3. Mi pastor y otros cristianos con buenas intenciones
  4. ¡Todas las anteriores!

La respuesta correcta es C. (Lo siento, mi lenguaje del amor es el sarcasmo.) Probablemente he recibido más apoyo de parte de mis colegas y amigos ateos que de todos los cristianos bien intencionados que se preguntan porqué arrojaría todo a la basura para participar en misiones. Y aunque aprecio la preocupación, no dejo de rascarme la cabeza con sus preguntas. ¿De dónde están obteniendo la definición de “propósito” mis amigos cristianos?

Me estaba graduando del desierto espiritual que es el MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts por sus siglas en inglés) y postulando a un magister y doctorado, cuando Dios desvió ese tren y me guio al poco glamoroso mundo de la movilización misionera. Si las respuestas de asombro e impresión que recibo cuando cuento mi historia son un indicador, pareciera que estoy violando alguna ley cristiana no escrita. Qué mal.

“Guau, John, que interesante. ¿Cómo usas tu título profesional ahora que eres un movilizador de misiones?”

Solía buscar algún punto en común entre mi profesión y misiones, para que no sonara como que estaba desperdiciando una oportunidad educacional dorada. Pero, finalmente, he decidido abrazar la verdad.

“Oh, no lo uso. No se parecen en nada.”

“¿No te parece que estás desperdiciando tu educación?”

“Sí, eso es precisamente lo que estoy haciendo” (me gusta crear una tensión incómoda.)

“¿Oh, y no crees que estás haciendo una incorrecta mayordomía de tu educación?”

“Probablemente”, respondo yo. “Estoy tratando de ser obediente a lo que Dios me ha llamado. No creo que la “mayordomía de mi educación” sea una forma adecuada para medir esto.”

La conversación suele terminar ahí.

Aprecio el concepto de “ser buenos mayordomos en todo” y lo que eso busca provocar en nuestras vidas. Es un mensaje que definitivamente la iglesia necesita escuchar. Pero me pregunto si estamos ejerciéndolo de la forma correcta. Especialmente si lo comenzamos a usar para nuestra conveniencia, como un sustituto que suena “espiritual” para no obedecer a Dios. “Dios nunca me llamaría a darlo todo ¡Eso sería una terrible administración de lo que poseo!” Escucho esto todo el tiempo, y siempre acompañado de esas dos palabas: “Dios nunca.”

Pero hay un pequeño problema. A veces Dios sí lo hace.

Anda, da todo lo que tienes a los pobres y sígueme (Jesús al joven rico).

Abandona tu posición de influencia en el gobierno egipcio y lidera a un grupo de rebeldes judíos en el desierto (Moisés).

Deja tu trabajo como médico para acompañar a un ex terrorista quien luego será ejecutado como traicionero (Lucas y Pablo).

Cásate con una “mujer fornicaria” (Oseas).

Sacrifica a tu hijo (Abraham e Isaac)

Todos estos no son precisamente candidatos al “mayordomo” del año.

No me malentiendan. Yo creo que todas estas personas fueron buenos mayordomos -pero no en la forma en que nosotros definimos esta palabra. Solemos comenzar con “cómo Dios va a usar lo que tengo para él”, pero regularmente esas son las cosas que Dios nos llama a entregarle en obediencia. No es que las vayamos a tirar todas a la basura, pero honestamente ¿somos capaces de hacerlo si Dios nos pide que lo entreguemos todo?

Me encantaría prometerles alguna recompensa por hacer esto, algo como “¡sé obediente y tu vida será fabulosa!” pero usualmente no es así.

La recompensa inmediata por la obediencia sacrificial es usualmente el simple conocimiento de que has sido obediente a Dios.

Al menos a lo largo de mi vida, el desafío siempre ha sido aprender a adorar a Dios en medio de la insatisfacciones y desafíos que trae la obediencia sacrificial.

Así que, si Dios te está llamando, anda y desperdicia tu vida en algo loco como misiones. A menudo esa es la mejor “mayordomía” que podríamos practicar. Y como un bonus agregado, tu también podrás crear momentos de tensión incómoda en tus futuros eventos sociales.

John Hawke
John ha estado en Misiones para el OMF (EE. UU.) Durante casi una década como movilizador, analista de datos, programador, profesor y escritor.

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