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Avivamiento en la prisión de Hokkaido

Cuando llegamos al auditorio [en la prisión], estaban reunidos unos 900. El capellán me presentó y comencé a predicar. Al hablar acerca de “Jesús, el amigo de pecadores”, muchos parecían estar conmovidos y pude ver lágrimas en los ojos de algunos.

Al concluir la reunión, anunciamos el inicio de un estudio bíblico y 567 se quedaron para asistir. Al final del estudio, cuando el señor Kimura los exhortó, “Si han decidido creer en el Señor, alcen su mano”, todos menos 17 o 18 levantaron su mano.

Esto fue registrado por Sakamoto Naohiro en 1907 acerca de la quinta misión a la Prisión Tokachi en Hokkaido. Naohiro, el predicador principal en el avivamiento de la prisión Tokachi, es una figura clave en la historia del cristianismo en Hokkaido.

Era trabajo peligroso y sacrificado. Los caminos y las vías del tren terminaban muy lejos de la prisión, y Naohiro viajaba grandes distancias atravesando terrenos complicados para llegar allí, incluso en trineos halados por caballos durante tormentas en el invierno. Naohiro y sus colaboradores (incluidos ambos, pastores japoneses y misioneros estadounidenses) estaban decididos a que el evangelio llegara a estos prisioneros a cualquier costo.

El amor de Dios es un gran tema en la vida de Naohiro y lo motivó a buscar el bien, especialmente el bien eterno, para todas las personas. Él era un hombre de oración y también se dedicaba a predicar el mensaje bíblico con claridad, de forma directa y sin ninguna vergüenza.

El avivamiento siempre es una obra soberana de Dios, pero él sí parece deleitarse particularmente en llevar el avivamiento en el contexto de la oración ferviente, predicación osada, confesión de pecado y amor por los perdidos. Naohiro no era un santo perfecto; se desanimaba fácilmente y su vida familiar distaba mucho de ser ejemplar. Pero amaba al Señor, creía en el poder del evangelio y el amor de Dios para todos los hombres, y el Señor lo usó abundantemente.

En el contexto del Japón de hoy, cuando el evangelio es lento y difícil, me siento animado al recordar que el Dios de hoy es el mismo Dios que hace 100 años llevó esperanza a tantos en la prisión Tokachi. También recuerdo que el evangelio sigue siendo “el poder de Dios… para todo aquel que cree”. (Romanos 1:16 NVI) Pensar en todos los que me rodean que no han escuchado de Jesús me desafía en cuanto a mi vida de oración poco entusiasta.

Que el amor de Cristo nos inste también a proclamar el evangelio a todas las personas y que muchos experimenten su misericordia, gracia y salvación.

Por John, un misionero en OMF

Adaptado de este artículo: https://japanharvest.org/tokachi-prison-revival/

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