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¿Ya llegamos?

En octubre de 2020, a pesar de la pandemia mundial, finalmente habíamos concluido con todos los requisitos para dejar EUA y comenzar como misioneros en Japón. Habíamos renunciado a nuestros empleos, trasladado las responsabilidades en la iglesia, concluido nuestra capacitación bíblica, repartido 20 años de artículos, y habíamos comenzado a preparar a nuestros hijos para la mudanza. Japón acababa de re-abrir sus fronteras, por lo que reservamos nuestros boletos de avión para el 28 de enero, presentamos la papelería para nuestras visas y nos preparamos para el torbellino emocional de las despedidas virtuales.

Poco sabíamos que unas semanas después, las fronteras de Japón volverían a cerrar. Así es que, luego de vender nuestra casa, ser diagnosticados con una enfermedad médica para toda la vida, cinco cambios de boletos aéreos y nueve meses más tarde, seguimos en EUA en septiembre de 2021.

Como ingenieros estereotípicos, tendemos a planear exhaustivamente nuestros viajes. Investigamos nuestros destinos, presupuestamos las finanzas, mapeamos nuestros pasos. Sabíamos cuántas horas nos tomaría llegar al siguiente destino, cómo llegaríamos allí, en dónde nos alojaríamos y a quiénes veríamos. Considerando todas las contingencias –¡ahora nuestra familia cuenta con una hoja electrónica detallada en Excel de lo que cada integrante tiene que empacar en cada maleta!

Sin embargo, nuestro viaje a Japón no ha seguido nuestros planes en lo absoluto. Ha sido lleno de obstáculos y desvíos inesperados. Una y otra vez se nos ha recordado que debemos rendir nuestros planes a Aquel cuyos caminos son más altos que los nuestros. Nosotros seguimos preguntando, “¿Ya llegamos?” Tal vez no sepamos cuándo llegaremos a Japón, pero el Dios que nos ha llamado es fiel y todo lo que se nos pide que hagamos es que confiemos en su soberanía.

Nuestro viaje nos ha permitido ver hermosas sorpresas y señales de Dios que nunca hubiéramos podido imaginar. Pudimos asistir al curso de orientación de OMF y conocer a integrantes de otros cinco continentes y unirnos a la Comunidad oficialmente. En Zoom y Skype pudimos seguir aprendiendo el idioma y la cultura japonesa junto a otros en el Centro de Idioma y Cultura Japonesa de OMF en Sapporo.

Amigos han abierto generosamente su hogar para nosotros durante meses mientras esperamos a que se abran las fronteras. (¡Nuestros amigos bromean diciendo que nos sacarán cuando hayan transcurrido cinco años!) Durante nuestra emergencia médica, contamos con médicos que hablaban inglés y un sistema médico en el que podíamos navegar. Todas nuestras necesidades financieras han sido suplidas. Nuestra iglesia ha regresado a la adoración presencial y hemos podido experimentar una enriquecedora comunión luego de la larga pausa y distanciamiento. Nuestros hijos pudieron volver a su antigua escuela aunque ya no vivimos en ese pueblo.

Si nos hubiéramos ido en octubre pasado, nos habríamos perdido la oportunidad de decirles adiós a nuestras familias en persona, y muy probablemente tendremos la oportunidad de despedirnos cariñosamente de otros personalmente.

Nada de esto estaba en nuestro plan, pero Dios en su infinita sabiduría y amor nos dio estos momentos. Él es fiel. Dios es nuestra roca, nuestra fortaleza y salvación. Aunque batallemos con planes fallidos, él nos llama a confiarle a él los resultados y a tener confianza en que él es soberano, sabio y bueno.

Por Chris y Emily, misioneros de OMF

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